La indudable calidad de los vinos españoles, producidos en históricas regiones en las que la enología puede casi respirarse, hace que en la República Dominicana encuentren apasionados adeptos a sus caldos, y gracias a la eficiencia en servicios de estas casas importadoras participantes en esta tradicional degustación, las bodegas españolas tienen constante presencia en el mercado dominicano.